Al debate en torno a los biocombustibles le está faltando un eje estratégico: el agropecuario y agroindustrial. Además de lo relativo a la matriz energética, a la ambiental, e incluso al de la salud humana, es necesario sumarle qué significa en términos de la sustentabilidad del productor rural y su comunidad, la generación de empleo y la agregación de valor industrial a las materias primas del campo. Si el peronismo es producción y trabajo no podemos desconocer esta dimensión.
Hay que entender a la política de biocombustibles como una herramienta de política agropecuaria y agroindustrial.
A escala global la producción y uso de biocombustibles no ha parado de crecer, y lo seguirá haciendo. La FAO estima que en los últimos diez años el consumo creció a una tasa anual promedio de 3,3% y proyecta un consumo de 236 millones de litros para 2034 entre etanol y biodiesel. Estados Unidos, Brasil, la India e Indonesia están a la vanguardia en la producción y consumo de biocombustibles.
Y acá surge la pregunta, ¿por qué dos países agrícolas como los EEUU y Brasil, competidores de la Argentina en los mercados de soja y maíz promocionan la transformación de estos granos en biocombustibles?
La respuesta es sencilla: buscan crear mercado interno para salir de la dependencia y el riesgo asociado de un mercado muy poco diversificado como es el poroto de soja (en el caso del biodiesel) así como promover la producción de proteínas animales utilizando los subproductos (la burlanda de maíz y la harina de soja).
Ambos países, más allá de quién esté a cargo de la administración, sostienen esta política porque crear mercado interno y remover el grano del mercado internacional favorece a los precios que recibe el productor, mejorando su sustentabilidad económica.
Retirar oferta de granos del mercado internacional mejora el precio que recibe el productor.
En el caso del maíz, EEUU exporta solo el 20% de su impresionante producción de 432 millones de toneladas (MMT) de la campaña 2025/26, mientras que Brasil exporta como grano el 28% de sus 141 millones de producción. Contrario sensu, sobre una producción estimada en 63 MMT por el USDA, la Argentina exporta como grano el 71 por ciento.
Los Estados Unidos están utilizando 140 MMT de su producción de maíz para fabricar bioetanol y Brasil 22 millones, lo cual representa el 32% y 16% de sus cosechas respectivamente. Y analistas de mercado estiman que en esta nueva campaña (2026/27) Brasil incrementará en 5MMT el uso de maíz para bioetanol para rozar un consumo de 30 MMT.
En la Argentina, 16 años después de la sanción de la ley 26.093 que en el gobierno de Néstor Kirchner disparó el uso de biocombustibles, todavía no se llegan a utilizar 2 millones de toneladas de maíz para producir etanol. Incrementar su uso es imperioso para no perder la carrera con nuestros competidores hemisféricos.
Las plantas de etanol están en manos de empresas y productores nacionales. Hay en carpeta inversiones millonarias de cooperativas de productores para construir nuevas plantas. Pero para ello se necesita incrementar el corte. De lo contrario corremos el riesgo de que esas inversiones se vayan a países vecinos, sin ir más lejos a Paraguay, donde el corte es del 25 por ciento.
El caso del biodiesel es sumamente importante. Con la desaceleración demográfica y económica de China, las importaciones de poroto de soja se encuentran estancadas. Es más, la conducción política de ese país busca reemplazar la harina de soja por otros ingredientes para reducir la dependencia de la importación del poroto que ronda las 115 MMT (más de dos cosechas argentinas). A su vez, EEUU y Brasil los grandes exportadores del poroto al promover el uso del poroto para producir diésel renovable o biodiesel consumen más materia prima y obtienen excedentes de harina de soja, cuyo mercado global es mucho más diversificado que el del poroto.
La gran ventaja de la Argentina fue contar con una industria aceitera que nos convirtió en el primer exportador mundial de harina y aceite de soja. Pero estamos a punto de perder el liderazgo en harina a manos de Brasil. Eso quiere decir el desplazamiento de mercados estratégicos como es el Sudeste asiático, a donde también ha puesto el foco EEUU.
Incrementar el corte interno es una política esencial para sostener el tejido productivo agropecuario y agroindustrial argentino frente a la competencia hemisférica, en un mercado global donde el crecimiento de la producción superó al de la demanda.
La propuesta del peronismo debe ser la elevación de los cortes con etanol y biodiesel a niveles compatibles con el resto de los países del Mercosur. Debe ser una plataforma electoral para 2027 un corte mínimo de 20% para el etanol y 15% para el biodiesel.
En nuestra plataforma electoral debemos proponer cortes mínimos de 20% para etanol y 15% para biodiesel.
Por qué es importante ese nivel de cortes. En el caso del biodiesel es necesario que se desenvuelvan los dos sectores que participan: las compañías integradas (que producen aceite de soja) y las no integradas. Con los mercados externos reducidos a su mínima expresión por políticas comerciales de los países y bloques importadores, apuntar a la participación de los dos segmentos significa sostener y crear puestos de trabajo de calidad, activar las grandes plantas procesadoras y potenciar un entramado de cientos de pequeñas PyMEs extrusoras en toda la geografía agrícola, detrás de la cual aparecen decenas de miles de productores que las abastecen.
La ley de biocombustibles debe preservar y potenciar el entramado de PyMEs extrusoras y los miles de productores que las abastecen.
La ley 26.093 significó la promoción de una actividad esencial para la industrialización de la ruralidad; hoy elevar significativamente los cortes significa la consolidación de esa industria y su crecimiento en pos de la realización de las comunidades rurales y los trabajadores.
