De acuerdo a los datos del INDEC, en 2025 la importación de pulverizadoras agrícolas autopropulsadas demandó 54,4 millones de dólares, una cifra 115% superior a la de 2024 y unas cinco veces más lo que se importó como promedio anual en el periodo 2020/2023. El 91% de las importaciones provinieron de Brasil, lo cual significa un aumento de 20 puntos porcentuales respecto de la participación de este origen en 2024.

Lo determinante es que estas importaciones no significaron un incremento en la cantidad de unidades vendidas, sino un reemplazo de la producción nacional.
De acuerdo con ACARA (Asociación de Concesionarios de Automotores) el patentamiento de pulverizadoras alcanzó a 655 unidades en 2025 contra 650 en 2024, es decir una mínima caída interanual que habla de la sustitución de producción argentina.
La situación de este segmento de la maquinaria agrícola es que las compañías globales ingresan con una oferta de financiamiento al productor que no puede ser igualada por las nacionales, factor que sumado al diferencial tecnológico vuelca las preferencias del productor hacia la maquinaria importada.
En comparación con 2024, la compañía brasileña de pulverizadoras ganó 1,7 punto porcentual de participación, mientras que la líder estadounidense avanzó hasta casi los 10 puntos porcentuales de participación contra 0,5% en 2024. Puesto en números absolutos, pasó de patentar 3 unidades en 2024 a 61 en 2025.
Si bien la Número Uno sigue siendo argentina, su participación en 2025 cayó a 21,2% contra 28,5% en 2024.
La industria nacional enfrenta varios problemas simultáneos. Por un lado, acceder a acuerdos con entidades bancarias para ofrecer créditos similares a los de las multinacionales. Por otro lado, la necesidad de ampliar la brecha de precios para tentar al productor a inclinarse por las nacionales, siempre preservando las prestaciones de los equipos.
El problema es que lejos de tener costos decrecientes, sus costos en dólares siguen al alza.
Esto lleva a que muchas empresas atraviesas situaciones financieras complejas, y acá se da una paradoja, que tiene que ver con la guerra comercial entre los EEUU y China. Entidades crediticias estadounidenses acuden al rescate de las compañías locales, pero con la condición (posiblemente sobreentendida) de que las partes importadas sean también estadounidenses.
Todo indica que en 2026 la tensión para la industria nacional será aún mayor. La expectativa está puesta en que una buena cosecha dispare las compras y la torta se agrande, generando un alivio transitorio, dado que estructuralmente la política del Gobierno de Milei le ha soltado la mano a la industria nacional.






